Quizá te interese:

Crítica Star Wars: El despertar de la Fuerza

Hay una célebre premisa cinematográfica perpetuada con el paso de los años: " Si algo funciona, no lo toques ". Yo eso lo comple...

Estados Unidos elige, el mundo espera

Imagen: vistazo.com


Trump o el presidente del caos

Hoy, al mismo tiempo en el que millones de personas celebraban la victoria del republicano, Donald Trump, otras muchas se echaban las manos a la cabeza, probablemente al imaginar lo que se avecinaría a partir de este miércoles nueve de noviembre en el mundo.


La decisión estadounidense, no es acertada, ni tampoco podemos calificarla de correcta. Nadie sabe lo que se puede esperar de un hombre que, en tono burlesco o no, ha soltado prendas por la boca demasiado ofensivas dedicadas a un gran colectivo mundial al personificarse como xenófobo y machista.

Con la pésima situación española que tenemos la fortuna o desgracia de vivir actualmente, pues hace apenas una semana que tenemos gobierno tras más de un año sin él, no podemos criticar mucho a nuestros vecinos americanos por elegir a Trump como presidente, ya que en España hemos tropezado dos veces con la misma piedra y ellos han decidido cambiar las tornas y votar por un cambio.

Sin embargo, qué se puede esperar de un presidente que pretende cerrar las puertas de su país a personas que huyen de una temible y larga guerra, de una persona que sitúa a las mujeres a la altura del betún, que quiere construir un muro para poder diferenciar claramente las fronteras, que vota por cancelar el libre comercio y que pretende decir adiós a la OTAN, la organización que vela por la paz mundial.


Miriam Bonilla 

El fascismo cruza el charco

Independientemente de los resultados de unas elecciones que ya se suponían históricas, la simple candidatura republicana de Donald Trump marcó una transición en la política norteamericana de consecuencias aún inciertas. No sólo por la naturaleza del personaje mediático, sino por el choque y la contradicción de fondo entre la América mesiánica y el aislacionismo autárquico que abandera el magnate neoyorquino. 


Con todo, un factor que será decisivo en los próximos meses es cómo calará este cambio dentro de la política europea, acostumbrada históricamente a ejercer un mecanismo de contrapesos al otro lado del Atlántico. 


A priori, la victoria de un hombre como Trump abriría una oportunidad a una mayor integración, en aras de avanzar en aquellos pilares identitarios del proyecto europeo. Nada más lejos de la realidad, el triunfo del protofascismo (o mal llamado "populismo de derechas") en Estados Unidos supone un hito peligroso para el Viejo Continente post-crisis. Ciertamente, Trump podría perfilarse, con su victoria, como una suerte de líder mundial del extremismo xenófobo y aislacionista, que puede reforzar en sus convicciones a formaciones como el Frente Nacional, Alternativa por Alemania o el Partido por la Libertad de Holanda; en lugares en donde muy pronto veremos también elecciones presidenciales. 

Esta es una línea discursiva más dentro del amplio panorama de interrogantes e incertidumbre que se abren con esta elección. La vida sigue, el sol volverá a salir mañana, pero las relaciones internacionales y el mundo tal y como lo conocemos podrían haber cambiado ya irremediablemente.


Javier Castro