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Pablo Iglesias: De triunfos y martirios

Su discurso político no ha sido lo único que ha cambiado. También su personalidad y su actitud / EFE
Llegó el momento para el que Podemos ha nacido. Desde su paso por las europeas en mayo de 2014, la formación dirigida por Pablo Iglesias volcó por completo los preceptos formales que regían la vida política en España, tambaleando las estructuras del bipartidismo y renovando la confianza y la fe de un electorado machacado tras años de crisis y recortes sociales. La Marcha del Cambio del pasado enero dio buena muestra de ello, movilizando a decenas de miles de personas hasta llenar la madrileña plaza de la puerta del Sol. Por el camino, un nombre propio, Pablo Iglesias, o "el coletas" como se le conoce coloquialmente en los círculos más contrarios a sus tesis. Un hombre que cambió los pasillos de la Complutense por el micrófono del Parlamento Europeo y de los mítines, haciendo gala a partes iguales de su enorme formación académica y de la arrogancia subyacente a su personalidad.

Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, está claro que Iglesias es una persona preparada. Su escasa experiencia se ve compensada tras décadas de inquietud política y social, entrando a formar parte desde muy temprana edad en las Juventudes Comunistas. Atacado y menospreciado por su aspecto y por el de sus compañeros de batallas, Iglesias politizó con enorme tacto el malestar social derivado del 15-M para formar esa plataforma ciudadana con la que concurrió a las europeas. Entonces Podemos apenas tenía 4 meses de vida y logró 5 diputados en el Parlamento Europeo. El asalto a los cielos, como le gustaba a Iglesias llamarlo, se había puesto en marcha. Mientras Podemos no paraba de crecer como la espuma, recibiendo apoyo y financiación por parte de miles de personas, Iglesias y su equipo fueron enarbolando un discurso político moderado, huyendo de tesis reaccionarias como la salida de la OTAN, del euro o la nacionalización de sectores estratégicos, algo que una pequeña parte de su electorado no le ha perdonado.

Quizá sea en su huida de los preceptos de la izquierda donde Iglesias haya podido perder la oportunidad. Su firme rechazo a concurrir con Izquierda Unida en una candidatura conjunta así lo avala, y es que por mucho que Podemos e Iglesias se hayan empeñado en seducir y ocupar esa "centralidad del tablero político", no cabe la menor duda de cuál es su orientación ideológica, algo que han aprovechado todos sus rivales para atacarle. Además, a falta de pocos días para las elecciones, parece que Iglesias nunca se haya rodeado de buenas compañías. Su pasado como personaje intelectual e independiente, apoyando al chavismo y al régimen bolivariano, ha sido utilizado como arma arrojadiza en su contra. Por otra parte, su activo apoyo a Tsipras, quien dimitió y convocó nuevas elecciones tras haber aprobado las medidas de austeridad a las que se había opuesto en campaña, tampoco le han reportado buena publicidad al líder de Podemos, algo que han pagado caro él y su partido en unas elecciones catalanas que supusieron su mayor fracaso hasta la fecha.

Iglesias nunca ha dejado claro qué haría si no ganase las elecciones, si volvería a la universidad a impartir clases o si, por el contrario, permanecería toda la legislatura ejerciendo la oposición desde su asiento de diputado. Nunca lo ha dejado claro porque su único escenario válido es la victoria electoral. No obstante, hoy encontramos a un Iglesias más curtido en la pugna política, más sereno y capacitado para plantear y amoldar sus convicciones ideológicas a la realidad. Es posible que el tiempo se les esté echando encima, pero Iglesias puede presumir de ser el único candidato que habla de cuestiones de pobreza en los debates y de conseguir como ninguno movilizar a las personas por las redes sociales. Y es que no solo ha cambiado por dentro, disminuyendo su agresividad dialectal y apoyándose más en una serena sonrisa, sino que también ha cambiado la forma no solo de hacer, sino de construir y entender la política en nuestro país. En eso Podemos e Iglesias ya han marcado sus iniciales en la historia, aunque su viraje hacia la moderación y el pasado "rebelde" de varios de sus miembros hayan mermado seriamente sus aspiraciones de cara a la Moncloa. 

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