Quizá te interese:

Crítica Star Wars: El despertar de la Fuerza

Hay una célebre premisa cinematográfica perpetuada con el paso de los años: " Si algo funciona, no lo toques ". Yo eso lo comple...

Elecciones 20-D: Una recuperación endeble

España dobla la tasa de crecimiento de la Eurozona, pero no todo ha sido gracias a sus reformas / Idealista
Una recuperación lenta, vulnerable y deficitaria. Así podría definirse, en tres escasos adjetivos, la paulatina restauración de la economía europea tras la caída de Lehman Brothers en 2008. Casi una década de crisis económica y social, causante de cambios en el equilibrio del orden mundial, y cuyos fantasmas poco a poco están siendo mitigados gracias, entre otros, a la caída de los precios del petróleo y a las reiteradas compras de activos por parte del Banco Central Europeo, cuyo programa de estímulo se ha traducido en una constante depreciación del euro frente al dólar. En días de campaña electoral, en los que el analfabetismo económico imperante en un buen sector poblacional hace que el tema financiero pase completamente desapercibido, no parece del todo mala idea recordar a qué peligros estamos expuestos, en un panorama esperanzador pero con un plausible grado de incertidumbre. 

1. ¿España... va bien?

España es el país que más crece de zona euro. Tanto los organismos públicos, como el Instituto Nacional de Estadística, como los privados (estudios como los de la Caixa o del BBVA) corroboran un hecho hoy por hoy incuestionable. La economía española ha crecido un 3,4% respecto al último mes de diciembre de 2014, duplicando la media de una Eurozona que crece un 1,5% anualmente. Países como Francia (1,2%), Alemania (1,7%) o Italia (0,9%) han crecido a un ritmo bastante inferior al de España este último año, si bien las condiciones de las que partía nuestra economía eran diferentes. Este notorio aumento del PIB se justifica, principalmente, por el aumento de la formación bruta de capital fijo en construcción, nuestro sector puntero antes de la crisis, que en el último año ha pasado de un -0,2% a crecer un 5,5%. Esto tiene un efecto inmediato sobre el consumo privado (que aumentó en 2015 del 1,2 al 3,4%), sobre las importaciones (crecida del 6,4 al 7,7%) y sobre la demanda nacional (que sube del 1,6% al 3,9%). ¿Consecuencia de esto? Que la gente consume más, produciéndose una reactivación automática de la economía. 

2. ¿Y esto... gracias a quién?

Es natural que la existencia de unos datos prometedores traiga consigo cierta divergencia en su análisis. El gobierno los usará, como ya lo está haciendo de hecho, como principal baza electoral y como prueba de que los cuantiosos esfuerzos a los que sometió a su población han tenido recompensa. La oposición, no obstante, lo achacará a la acusada bajada de los precios del petróleo (en mínimos históricos), al programa de estímulo del BCE o al freno de emergentes como China o Brasil. No llueve para el gusto de todos, pero existen medias verdades en los discursos de uno y otro bando.

La economía española en 2012 se vio obligada a reajustar su ingente gasto público. El gobierno de Rajoy lo hizo del modo en que lo hizo, pero la necesidad era evidente. No podía salirse de una situación de recesión sin acometer ciertos sacrificios. El gobierno, inspirado más por la Unión Europea que por convicción propia, llevó a cabo una serie de reformas que condenaron su propio programa electoral. Montoro subió los impuestos como nadie en democracia, y Rajoy, incapaz de mantener una hoja de ruta determinada, tuvo que pedir prestados 40.000 millones de euros para no entrar en suspensión de pagos. España recibió un rescate encubierto. Cada seis meses, varios inspectores de la UE revisan que las cuentas de Madrid marchen en el rumbo adecuado. Y tras años de incertidumbre económica, lentamente las aguas han vuelto a su cauce, aprovechando el buen ritmo de finales de 2014 junto con acontecimientos internacionales favorables.

3. Problemas con el paro, la deuda y el sector exterior

A pesar de lo celebradas que han sido las reformas, Europa avisa: Un crecimiento estructurado sobre las bases de un paro y una deuda altísimos es peligroso. Precisamente, la deuda pública (que ha subido desde 2011 hasta el 99,3% del PIB) hace a España especialmente vulnerable al exterior. Cuánto más deuda gestione un país, más susceptible será su economía al convulso panorama internacional, por lo que, en ese sentido, podría decirse que España está en manos de sus acreedores. Uno de los más importantes, de hecho, es China, que ha visto cómo su economía ha frenado este último año, obligándose a depreciar el yuan para no perder competitividad. Las cifras del paro, por su parte, son ampliamente conocidas por todos: se trata de la segunda tasa de desempleo más alta de toda la Unión Europea, solo superada por la de Grecia, y que se ha rebajado a base de una rígida dualidad laboral. La Unión Europea ha instado a Madrid a reducir, mediante una ampliación de la vigente reforma laboral, la férrea dicotomía perpetuada entre contratos indefinidos y temporales, además de un nuevo ajuste de déficit que probablemente obligue al nuevo Ejecutivo a reacondicionar más de 8.000 millones de euros. 

4. ¿Cómo plantean los partidos mejorar la situación? 

Hay dos posturas claras de cara al futuro: seguir con esta senda de crecimiento o dar un vuelco importante a la situación económica. La primera de ellas, abanderada principalmente por el Partido Popular y en menor grado por Ciudadanos, es clara: lo que funciona, no se toca. Reducir la cifra de desempleo, sea al precio que sea, es la prioridad de un Ejecutivo que ha planteado una doblemente desacertada reforma laboral, pues no avanza decididamente hacia el liberalismo ni ofrece garantías enfocadas al trabajador. Esto puede ser aprovechado a su favor por Ciudadanos, cuyo modelo de Contrato Único, ampliamente atacado por el resto de candidatos, oculta problemas de fondo a sus virtudes. Se reduciría, en efecto, la dualidad laboral, pero a costa de una disminución de las cotizaciones y de las indemnizaciones por despido. Además, ambos partidos prometen una bajada de impuestos en mayor o menor medida, algo que puede tener un efecto negativo sobre la productividad. 

En las antípodas de estos planteamientos se encuentran el Partido Socialista y, sobre todo, Podemos. Los partidos abanderados del centroizquierda no ven justa la construcción de una recuperación económica a costa del aumento de la precariedad laboral, algo objetivamente observable, en efecto. Ambos proponen derogar la vigente reforma laboral, pero las soluciones a partir de ahí son diferentes. El PSOE ha decidido introducir la cuestión económica dentro de la reforma del Estado del Bienestar, algo que no preocupa especialmente a Europa, mientras que Podemos propone ambiciosas recaudaciones fiscales (de hasta 40.000 millones de euros adicionales) y agresivas inyecciones de gasto público como parte de su política expansiva (incentivar el consumo interior, que ya ha crecido, mediante el reparto de más dinero). También coinciden en una subida del salario mínimo interprofesional (algo peligroso si no va de la mano de la productividad), y mientras PSOE no habla de subir ni bajar impuestos más allá del IVA cultural, Podemos sí ha planteado una subida del IRPF a quienes cobren más de 60.000 euros. Una posición, la del partido de Pablo Iglesias, que preocupa a inversores y a instituciones comunitarias por el importante gasto que suponen, lo que podría llevar a un mayor sobreendeudamiento o al incumplimiento del déficit. 

5. Opinión: Una situación en manos de nadie

A pesar de lo que a simple vista pueda parecer, con desfasados debates belicosos y discursivas diferenciales, los cuatro principales candidatos a presidir la Moncloa no difieren en la base: mantener la proporción de gasto público como adalid del ideal socialdemócrata de Estado de Bienestar. A partir de ahí, las posibilidades son múltiples. Seguir con la tendencia de espaldas a esos millones de personas que todavía no se han reintegrado al mercado laboral supondría, inevitablemente, hipotecar el futuro de aquellos que peor lo han pasado durante la crisis y que todavía ven lejos la luz al final del túnel. La presente legislatura deja esa amarga sensación de una recuperación edificada sobre miles de olvidados, que para Rajoy solo supondrán "un 1% apenas" de la población, pero que, en verdad, son muchos más de los que aparecen en las estadísticas oficiales.

No obstante, nos encontramos frente a la doble cara de un espejo incierto. Si bien las propuestas de PSOE, Podemos o de otras formaciones escoradas a la izquierda parecen incidir más en ese componente social olvidado y repudiado por un Ejecutivo que parece vivir de espaldas a la realidad, existen ciertos elementos que podrían llegar a comprometer seriamente la recuperación en sí misma. Creer en el ideario de que subiendo los impuestos siempre se recauda más, algo que se ha demostrado falso en más de una ocasión, y que además no es necesario (España es el cuarto país con mayor carga impositiva de la OCDE), plantea la realidad inmediatamente paralela del endeudamiento exterior, lo que Keynes entendía como política expansiva: Aumentar el gasto público en momentos de crisis coyuntural (una crisis que, a priori, ya habría pasado) por medio de dinero ajeno.

En cualquier caso, sea cual sea el resultado final de unos programas electorales cuya veracidad todavía está por ver, España se muestra más vulnerable a lo que pase fuera que dentro. Aunque naturalmente una estabilidad política es capital para fomentar la confianza en inversores potenciales. No hay que temer a la democracia y a votar conforme a la ideología de uno mismo, ni mucho menos desechar la pluralidad política como falso sinónimo de molestia institucional, pero todo parece indicar que hará falta mucho consenso, diálogo y entendimiento respecto a este tema a partir del próximo año. 

0 comentarios :

Publicar un comentario