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Elecciones 20-D: ¡Que vienen los rojos!

Podemos rompió las encuestas, aunque está algo más lejos del PSOE de lo que Iglesias esperaba/ EFE
La resaca pos-electoral dibuja un panorama político inédito. Por primera vez en la historia de la democracia, los dos principales partidos no podrán disponer de la mayoría suficiente para formar gobierno de primeras, fruto de dos irrupciones meteóricas: la de Podemos, un partido que hace 2 años no existía y que ahora ha sumado más de 5 millones de votos, y la de Ciudadanos, que entra por primera vez en el Congreso con 40 diputados. Con los resultados en la mano, y obviando el enésimo debate en torno a una reforma electoral, todo parece indicar que, de entrada, España ha virado hacia la izquierda. Los tres principales partidos de ese bloque (PSOE, Podemos y UP-IU) han sumado más de 11 millones y medio de votos, casi un millón de votos más que los conseguidos entre PP y Ciudadanos. No obstante, la profunda brecha existente entre las cuatro formaciones más votadas, a excepción del partido naranja que, en principio, parece ser el más abierto de todos, invita a pensar más en una segundas elecciones que en la consecución de unos pactos hoy por hoy muy lejanos.

El escenario político resultante de estas elecciones del 20 de diciembre es muestra inequívoca de la pluralidad de la sociedad española. El triunfo perpetuado hasta la fecha por las dos únicas opciones imperantes se ha resquebrajado, algo que ha provocado alarmismo en esos sectores menos acostumbrados de nuestra sociedad a discutir sobre democracia. Un día después del "¡Que vienen los rojos!" o del "¡Hay que sacar los tanques a las calles!" (en Twitter a veces es complicado discernir el escarnio del delirio), el sol ha vuelto a salir, el metro y el transporte público han funcionado con normalidad. Lo mismo con la recogida de basuras, con las tiendas y las empresas. Vamos, que, por el momento, España todavía no ha entrado en esa vorágine bolivariana que muchos presagiaban y aún presagian. Unos comicios que, bromas leninistas al margen, han tenido un impacto directo sobre los mercados (¡oh, benditos mercados!, diría Daniel Lacalle), cuyo escepticismo ha hecho caer un 2,5% al Ibex 35 y subido un par de puntos la prima de riesgo. Pero, ey - dirán nuestros socios liberales -, los mercados no inciden sobre las decisiones políticas. En absoluto. 

Basta con echar un vistazo a la Europa democrática de nuestro alrededor para darnos cuenta de que sí que es posible gobernar alejados del turnismo. El primer ministro belga pertenece al tercer partido más votado, el ministro de finanzas holandés y presidente del Eurogrupo es también del tercer partido, el de Exteriores alemán del segundo. En España estamos muy mal acostumbrados, por esa arraigada semilla totalitaria que impregna el espíritu de un pueblo ahogado durante cuatro décadas de franquismo, y eso de "hacer política" nos suena un poco a mito. Y este precepto no es algo que englobe simplemente a los dos grandes del bipartidismo, sino que es aplicable a esas nuevas fuerzas que no han sabido medir, de momento, sus arrogancias y egos en beneficio del interés general. Ese interés ahora contrapuesto por la meritocracia política, por una estabilidad pueril que muchos asimilan con la corrupción, los recortes o los rescates, y justifican con años en los que supuestamente hemos sido estables. Vaya por Dios.

A bote pronto, hay innumerables lecturas de estas elecciones llenas de contradicción. El PP es el más votado por más de 30 escaños de diferencia y su candidato tiene prácticamente imposible formar y presidir un nuevo gobierno. El PSOE es segundo con 90, y dos tantos de lo mismo (y gracias a Andalucía, que ha evitado males mayores). Podemos irrumpe con fuerza pero su retórica pseudo-bolivariana-populista-chavista-castrista-rupturista (y todos los adjetivos tremend-istas que acaben en -ista) no convence ni seduce a nadie... Y Ciudadanos. Qué le ha ocurrido a Ciudadanos, adorados por la opinión pública, por los sondeos de Metroscopia y de El Español de Pedro J. y ayer ignorados en las urnas por los ¡ciudadanos! (qué cosas...). Qué decir de Izquierda Unida, que era consciente de que se la jugaba el todo por el todo y apostó fuerte en Madrid, feudo gracias al cual salva una representación parlamentaria insuficiente para formar grupo parlamentario... Un débil resultado del que tan siquiera puede presumir UPyD, que junto con otros históricos como el BNG desaparece del Congreso y no logra siquiera la mitad de votos que otros "partiditos" como PACMA (cuya labor y mérito, oigan, ahí queda). 

España ha abrazado una nueva etapa política, progresista y realmente integrada en la democracia europea, donde lo normal es debatir, proponer y llegar a acuerdos de Estado que garanticen la estabilidad. Algo que, sin embargo, y en vistas de la idiosincrasia política que tenemos, parece muy complicado que se produzca a corto plazo, con cuatro grandes que no se quieren ni ver pero que se necesitan. Se necesitan porque España los necesita. Antes de acabar esta breve valoración, un dato: Más de seis millones de españoles han votado por el derecho a decidir de las autonomías, algo que marcará la agenda política del próximo gobierno sí o sí. Es otro de los múltiples datos subyacentes a unos comicios cuyos resultados no deben asustar a la gente. Vivimos en democracia, y el congreso plural anoche orquestado es algo normal y asumible en democracia. Ahora simplemente esperemos al lógico desarrollo del juego político, y si hay que volver a pasar por las urnas para perfilar la sociedad que queremos, pues volverá a hacerse sin ningún tipo de problema. Es ley de vida. Nos ha costado mucho llegar a esta situación. Aprovechémosla. 

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