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Liberales en lo económico, ausentes en lo social

A falta de poco menos de dos meses para las elecciones, los principales partidos políticos han comenzado a perfilar y a dar forma a sus respectivos programas electorales. Todo ello sin perder de vista ni por un momento a las encuestas, diversas según el organismo que las certifique, pero comunes en el diagnóstico: el sistema bipartidista ha desaparecido tal y como lo conocíamos, y será necesario pactar para formar un gobierno estable. Dichas encuestas, además, dan a Ciudadanos, el ambicioso proyecto de Albert Rivera, una importancia creciente en la intención de voto a medida que Podemos se hunde. Su discurso moderado y de "recuperación", sumado a la presencia de nuevos y rejuvenecidos rostros, ha convencido a un buen sector de votantes descontentos por la gestión de PP y PSOE. Pero, detrás de ese buen gesto y buenas palabras, ¿qué esconde realmente Ciudadanos?

Lejos de lo que mucha gente pueda pensar, Ciudadanos no ha nacido ayer como quien dice. Si bien las encuestas han comenzado a registrar su actividad hace relativamente poco tiempo, el partido lleva operando casi diez años en Cataluña bajo el nombre de una plataforma conocida como Ciutadans de Catalunya. Desde sus inicios en el Parlament, la formación dirigida por Rivera se ha caracterizado por un contundente rechazo de los nacionalismos, tanto el catalán como el vasco, así como por ciertas reticencias a la hora de condenar el franquismo públicamente, algo que tampoco es anecdótico en la política española. Su postura frente a la inmigración también ha dado mucho de que hablar. El pasado domingo, el líder del partido naranja aseguraba en un debate con Pablo Iglesias que aquellos inmigrantes irregulares que optasen a la Sanidad pública, más allá de unos servicios de urgencias básicos, deberían pasar previamente por caja. Una postura todavía más dura que la del propio Partido Popular, que propone otorgar una tarjeta sanitaria a los inmigrantes que así lo requieran.

Por ello, sorprende la reiterada auto-calificación por parte de Ciudadanos como un partido de centro y progresista, comparándose frecuentemente y sin pudor alguno con la UCD de Adolfo Suárez. Su férrea postura frente a los nacionalismos periféricos viene acompañada a su vez por una reforma constitucional, en las antípodas de la también reforma propuesta por el PSOE. En ella, Ciudadanos propone acabar con los privilegios fiscales de comunidades como Navarra o País Vasco, dos de las más ricas (y con menos paro) de España, huyendo del modelo de Estado federal de Pedro Sánchez. Respecto a la Educación pública, aquí es donde C´s sí se asemeja más al resto de partidos de centro-izquierda, defendiendo el laicismo en las aulas, la igualdad de oportunidades, una reducción de la repetición de curso, el fomento de las FP, unas tasas ligadas al rendimiento académico en la Universidad... En este sentido, es posible que sí que carezcan de ideas nuevas y originales, puesto que la Educación sigue siendo a día de hoy uno de los debates más recurrentes y soporíferos de la política española.

Llegados a este punto, es el momento de comentar su plan económico, avalado en reiteradas ocasiones por los principales banqueros españoles y por importantes inversores extranjeros. Su medida estrella es la implementación del contrato único como recurso para combatir la precariedad laboral imperante en España. De fondo existe una realidad incuestionable: contratar a un trabajador o embarcarse en una iniciativa empresarial en España es, en efecto, bastante caro. Con su modelo único de contratación, Ciudadanos plantea como punto de partida siempre el empleo indefinido, en efecto. Lo que Rivera y compañía no menciona en sus mítines es que esta medida viene de la mano de una desgravación de los costes de indemnización por despido. Actualmente, la reforma laboral del PP dicta una indemnización de 33 días por año trabajado (anteriormente eran 45 días). Con el modelo de contrato único de cotización creciente, habría que trabajar 14 años para llegar a esa cifra de 33 días por año trabajado. Además, con este modelo el empresario se ahorraría el 100% de la seguridad social el primer año y el 50% el segundo año, de forma que, una vez cumplido dos años el contrato de un trabajador, puede despedirlo perfectamente por 28 días de sueldo y contratar a otra persona en su lugar. A esto habría que añadirle el polémico copago sanitario y educativo, maquillado como una mejora en las competencias de las Comunidades Autónomas pero que no aclara qué servicios son o no complementarios.

Quizá esto sean los puntos más superficiales de un programa que aborda muchas más cuestiones de la sociedad española, entre ellas la refundación de las estructuras democráticas y del propio Estado. Su lucha contra la corrupción y su predisposición al pacto con prácticamente cualquier formación política es un factor de confianza de cara a los mercados financieros, que ven en las propuestas parcialmente liberales de Ciudadanos un atractivo interesante que seguramente aumente la inversión exterior en España. Sin embargo, al partido de Rivera, abanderado de esa "clase media" española que todos nos preguntamos dónde ha quedado tras la crisis, le sigue faltando mayor empatía y compromiso social en sus propuestas, rechazando medidas como el complemento salarial o la subida del salario mínimo que sí proponen PSOE y Podemos. Es más que probable que su filosofía económica incentive el crecimiento de España, ¿pero acaso asegura el fin de la temporalidad y la precariedad, del desempleo que durante dos décadas no ha dado señales de extinción? Difícil saberlo.

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