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¿Por qué hacer deporte?

Muchas personas, en España y en todo el mundo occidental en general, no ven utilidad a mantener una constante actividad física y en movimiento. A los datos me remito: un 42% de la población española mayor de 18 años, según un estudio realizado por la European Heart Network, se declara abiertamente sedentaria, colocándose como el cuarto país más inactivo de toda la Unión Europea. Este porcentaje abrumadoramente alto destaca en comparación con el de algunos países del norte de Europa, como Suecia o Finlandia, donde los índices de sedentarismo apenas rondan el 7%. Además, la propia OMS ha calificado que la inactividad física es una de las cuatro causas principales de muerte en el mundo, causando nada menos que 3 millones de fallecimientos cada año. Con este panorama, todo parecería indicar que el deporte no debería ser simplemente una opción, sino un pilar fundamental en la vida de muchas más personas, pero la realidad es muy diferente.

Desde mi propia experiencia personal, entiendo muy bien la postura de las personas que no practican ningún deporte ni sienten la necesidad de hacerlo. Mantener una rutina basada en una actividad que no encontramos entretenida es algo muy poco atractivo, por lo que no es extraño que mucha gente deje de hacer deporte al poco tiempo. Además, los beneficios que aporta una actividad física no se hacen notar a corto plazo, en el que solo sentiremos agujetas, cansancio e incluso frustración por no percibir esos resultados. Lo verdaderamente complicado de "reactivarnos" físicamente es el auto-convencernos de que es necesario, ya sea porque queremos bajar de peso, mejorar nuestra resistencia cardiovascular o, simple y llanamente, sentirnos mejor con nosotros mismos.

¡Que la lluvia no te pare!
Cuando una persona pasa por un momento de bajón emocional, en el que inevitablemente hay que refugiarse en algo para no decaer, personalmente elegí el running como la vía de escape idílica a todos los problemas. Cada vez que sentía ansiedad o tristeza, rápidamente me calzaba mis zapatillas, salía a la calle, ¡y a correr! Lo mejor del running, un deporte cada vez más practicado y que ya no puede ser considerado como una moda pasajera, es precisamente su inmediatez: tan fácil como calzarse, ponerse algo cómodo y salir a que te dé el aire. Además, tú y solo tú eres dueño de tu esfuerzo y de tu tiempo en todo momento, sin factores externos que alteren la actividad que tú elijas ejercer. Con tus propias reglas, condiciones y fijando tú mismo tus metas, sirve tanto para liberar y despejar la mente como para mejorar todas tus capacidades físicas a largo plazo. Aún así, no es conveniente pasar del sedentarismo absoluto a correr cuatro días a la semana. Debe existir un periodo de aclimatación, aumentando distancias y esfuerzos gradualmente, e incluso mezclando andar y correr durante las primeras semanas para que no sea un reto especialmente tedioso. 

A pesar de los beneficios anteriormente expuestos (que son más), muchos seguramente nos hayamos encontrado a la hora de hacer ejercicio con los típicos comentarios de: "Estás loco/a...", "¿Qué haces corriendo a estas horas...?", o el mejor de todos: "No te obsesiones con el deporte". Mucha gente todavía relaciona hacer ejercicio con una inherente obsesión por lucir cuerpo o músculos, y esto no es más que la capa superficial de una serie de beneficios personales que van mucho más allá. Es innegable que, en efecto, hay mucha gente que se apunta a un gimnasio con la única intención de aumentar su concentración de venas por centímetro cuadrado, pero tampoco se puede generalizar al respecto. Criticar a quienes practican un deporte con regularidad no solo es inútil (la persona en cuestión no va a dejar de hacerlo por mucho que se lo digan), sino que a menudo supone para bastantes personas un pretexto para negar la evidencia: sea de la forma que sea, hay que moverse.

Con este artículo no pretendo atacar ni estigmatizar a quienes no se han decidido a practicar ningún deporte (andar un par de kilómetros todos los días también entra dentro de la definición de deporte, por cierto), sino concienciar a quienes todavía no estén muy seguros a que den el paso. Ya sea saliendo a correr dos o tres veces en semana, como apuntándose a clases de zumba o spinning, o comprando una bicicleta y salir a montar solo o acompañado, con tus amigos o con tu familia. El deporte tiene la ventaja de que hay mil formas sencillas (y baratas) de acceder a él, y una vez que forma parte de tu día a día es muy complicado abandonarlo. Por ello, os animo a que dejéis a un lado los prejuicios y el conformismo pasivo, porque una vez superáis esa etapa de asimilación y comenzáis a disfrutar verdaderamente del deporte, vuestra calidad de vida se verá automáticamente recompensada.

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