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¿Es sostenible el sistema de pensiones en España?

Huffington Post
A pesar del siempre importante papel de los pensionistas en la sociedad, ninguno de los grandes partidos políticos plantea una renovación o un cambio dentro del Sistema Público de Pensiones. De hecho, muchos obvian y pasan de puntillas por este debate, optando por mantener el actual modelo para no suscitar críticas "innecesarias" que puedan costar votos. Pero la realidad es evidente: cada vez hay más pensionistas y menos trabajadores, cada vez es mayor el gasto que el ingreso. Y pensar que esta realidad puede ser ignorada eternamente pone en peligro el propio sistema tal y como lo conocemos.

En primer lugar, ¿es sostenible el Sistema Público de Pensiones? Sí, por ahora. Antes de abordar a fondo la cuestión, cabe mencionar primero algunos datos de interés. España, al contrario de lo que mucha gente pueda creer, es de los pocos países ricos que no propone un modelo de capitalización complementario a la pensión pública. Es decir, no planteamos un sistema alternativo que no dependa exclusivamente de la Seguridad Social, la cual a su vez depende de los trabajadores para su subsistencia. Esto, en periodos de bonanza económica, no supone ningún problema, pero la tendencia a la baja en el número de afiliados y la escasa proyección de crecimiento en el futuro hacen peligrar la sostenibilidad del sistema a largo plazo. Un sistema que, según un informe de la Comisión Europea del año 2009, pasará a representar el 15,5% del PIB en el año 2049 y duplicará la tasa de dependencia del 47,8% actual al 89,7%.

En este panorama, donde lo principal es comprender la evolución demográfica de España, habría que plantearse como mínimo un debate sobre el sistema tal y como lo conocemos. Muchos economistas coinciden en el diagnóstico: Si hace relativamente poco tiempo, cuatro personas empleadas podían sostener a un pensionista, en las próximas décadas podría llegarse a la relación de una persona empleada, un pensionista. No obstante, el diagnóstico común ya no lo es tanto a la hora de plantear las soluciones, encontrándonos con dos tendencias principales a la hora de sugerir una futura y necesaria reforma del sistema de pensiones:
  • Fomentar la productividad y el aumento del número de afiliados, facilitando la contratación y planteando una reforma útil del mercado laboral. En vez de convertir el empleo en empleo precario, o fomentar la contratación temporal, dar alicientes a las empresas para contratar más empleados y aumentar sustancialmente el número de afiliados. De esta forma, creciendo el número de afiliados, no importaría que siguiese creciendo el de pensionistas, siempre y cuando el empleo creado aumentase de verdad la productividad.
  • Fomentar el ahorro a largo plazo, y no apoyarse exclusivamente en la pensión pública. Esta es la visión más "liberal" para abordar el problema, sosteniéndose en el ahorro privado (no en planes de pensiones privados) como un fondo complementario a la pensión pública en el futuro. Esto, sin embargo, plantea un problema en la actualidad, y es que los impuestos a las clases medias son tan grandes y los salarios son tan bajos que la mayoría de los trabajadores no puede permitirse ese ahorro.
Es más que probable que existan más soluciones, pero sobrevolando en las más recurrentes nos encontramos con las dos anteriormente citadas. En cualquier caso, parece más sensato enfocar el problema en mejorar las condiciones de los trabajadores que en fomentar la precariedad o la temporalidad, algo que imposibilita el ahorro en la actualidad. Abordar el problema decididamente y sin temor al debate es más necesario que nunca, ya que la actual tendencia no es generosa en sus predicciones, y precisamente las pensiones públicas son uno de los pilares del Estado de bienestar que hemos ido perdiendo a lo largo de la crisis. 

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