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Crítica Un día perfecto

Orquestar un drama con una guerra como telón de fondo no es tarea fácil, sobre todo cuando se pretende huir de los convencionalismos del cine bélico. La construcción de esa realidad encarnizada, dura y tensa, sin echar mano de los aullidos de las balas y los ríos de sangre, crea a menudo producciones originales, con frecuencia poco comprendidas o valoradas en taquilla. Es el caso de A Perfect Day, producción nacional que hace un notable retrato de la montaña de los Balcanes de posguerra, valiéndose del estudio de sus personajes mediante inteligentes ráfagas de humor al ritmo y compás del hard rock.

Calificarla de comedia dramática quizá sea algo arriesgado e imprudente, puesto que ese humor personificado en Tim Robbins y en las ocurrencias verbales de Benicio del Toro no es más que un conductor del verdadero drama, del ideario pacifista que Fernando León trata de plasmar en el celuloide. En Un día perfecto, un grupo de cooperantes de Naciones Unidas trata de sacar un pesado cadáver del interior de un pozo, sin éxito. Su extracción es importante para que la gente de la zona pueda beber, por lo que no tardan en ponerse manos a la obra para buscar la ayuda pertinente en un viaje por terreno hostil, habitado por unas personas incapaces de volver a la normalidad tras la guerra.

El guión en sí mismo plantea una situación simple, con un objetivo concreto y sin giros argumentales de verdadero interés. Lo que importa en A Perfect Day es el desarrollo y evolución de sus protagonistas, que poco a poco vamos conociendo y comprendiendo, cada uno con un trasfondo y actitud diferente. Todo ello con un telón de fondo melancólico, de pueblos sin vida y niños sin fulgor en la mirada, de huérfanos a quienes los tratados de paz remiten al olvido. Con una fotografía soberbia y una banda sonora cuanto menos sorprendente (a unos le gustará más que a otros, eso sí), el verdadero logro es el de contar una historia en distintas piezas, que el propio espectador va encajando por lo que puede ver, haciendo gala de un sentido del humor muy adecuado y acorde con el tono y ritmo del drama. No obstante, en el camino de la irracionalidad del conflicto en los Balcanes, quizá la acción se pierda a sí misma en determinados puntos, cayendo en la frialdad y la irreverencia torpemente, algo sin excesiva importancia más allá de la coyuntural. 

En el plano personal, no recuerdo haberme reído nunca tanto en una película tan seria. Seria en sus intenciones y en su trasfondo, pero intencionadamente pacifista en su retrato de un conflicto al que la paz no borró sus cicatrices. Es por ello que Un día perfecto supone una bocanada de necesario aire fresco en el género, renovando la estructura dramática sin renunciar a la utilización de tonos más atractivos que no desmerecen el resultado en conjunto. No está apoyada por una gran historia, pero como espejo de un drama social y como estudio elaborado de unos personajes redondos, funciona. 

Valoración final: 3,5/5

1 comentario :

  1. Me ha encantado el artículo, además de coincidir totalmente con tu análisis. Aranoa es uno de mis favoritos. Enhorabuena, Javier, por el estupendo blog, es un orgullo leerte. Bicos.

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