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Crítica La Visita

La carrera cinematográfica de un tipo como Shyamalan es lo más parecido a una montaña rusa, cuyos altibajos destacan más por sucesivos e inesperados descensos que por meteóricas ascensiones. Lo cual es extraño en un director que comenzó despuntando con El Sexto Sentido, una de las cintas de terror más importantes y renovadoras de finales de los 90, y a partir de la cual comenzó un paulatino declive en su notoriedad y excelencia. Un flirteo con el ostracismo cinematográfico que ha evitado notablemente con The Visit, mezclando tonos y estilos con elegancia y maestría.

Aunque The Visit no esté, lógicamente, al nivel de la cinta protagonizada por Bruce Willis y el ya olvidado Haley Joel Osment, sí que se muestra capaz de explotar unos conceptos que la hacen cuanto menos interesante. Un interés estimulado por la constante presencia de la contemporaneidad, recurso que adquiere una dimensión mucho mayor de la simple reconstrucción temporal en esta película. Las llamadas de Skype, los ídolos del Pop actual y las filias y fobias de la generación digital permiten al espectador estrechar un vínculo muy estrecho con los dos jóvenes protagonistas, ¡y he aquí la primera (grata) sorpresa! Y es que la pareja formada por Olivia Dejonge y Ed Oxenbould (admirable e irrepetible actuación la de este último) carga con enorme acierto toda la tensión dramática sobre sus hombros, valiéndose de la subjetividad que este doblemente falso documental consigue otorgar. 

Obviando la carismática interpretación de estos dos hermanos, la trama fluye paulatinamente del menos a más, de la simpleza a la confusión, del misticismo folclórico a la melancolía de la vejez. Acostumbrados a las películas de poltergeists, espíritus o de epidemias, el drama del subconsciente dañado por los días y las noches, por los años que no pasan en balde, supone un ligero y agradable soplo de aire fresco para un género pervertido y maltratado estos últimos años. Manejando con elegancia el registro y la forma, el frío e inconsciente paso de la comedia al thriller, y de éste al terror, Shyamalan engrandece una premisa argumental tan simple como la de dos nietos que visitan a unos abuelos cuanto menos sospechosos a una casa todavía más sospechosa. Y créanme, esto no sería digno de mención si no resultase sorprendente. 

The Visit triunfa donde el terror ha perdido la dignidad estos últimos años. Es cierto que el final podría haberse gestado bastante más, o que la acción en ocasiones parece que se atasque o pierda naturalidad... Pero qué importa eso en detrimento de sus virtudes. Shyamalan no ha vuelto, sino que se ha reinventado a sí mismo, rescatando viejas ideas del género en el marco de un mundo actual en el que el director hindú ha sabido leer las necesidades y gustos de la audiencia con notable acierto. Sin revoluciones y muy lejos de recientes decepciones, The Visit deja una alegre y agradable huella en el recuerdo. 

Valoración final: 3,5/5



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