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Somos machistas

La imperfección es una capacidad inalienable a todo ser humano, cristalizada en la forma que tenemos de comportarnos y vivir en sociedad. Tras amplios avances en todos los ámbitos y estructuras naturales, tras perfilar el concepto del mundo idílico donde nos gustaría vivir, y tras siglos de progreso... Pum. Silencio. Una mirada carente de brillo, unos ojos que no pueden ver. Aliento, aire fruto de un apagado fuego interno. Otra más. Otra mujer más, y silencio, silencio de quien no puede emitir sonido alguno y silencio de quienes no quieren hacerlo. 


Todos nosotros, pero sobre todo los hombres, somos cómplices del machismo. Somos machistas. Cuando identificamos el feminismo como una pérdida de nuestras libertades, como una herramienta fascista de la mujer para imponerse, no hacemos sino dar justificación a quienes la cordura ha abandonado hace mucho tiempo. Cuando cuestionamos la naturaleza machista y patriarcal de la sociedad, cuando se nos pasa por la cabeza comparar la violencia hacia la mujer con la imaginaria violencia hacia el hombre, cualquier serio intento de cambiar esta situación se ve frustrado. La violencia de género tiene rostro de mujer y mirada de niño, la agonía silenciosa en contraposición con la amargura inocente. Y aceptar que la igualdad jurídica dista mucho de ser materializada en igualdad social es el primer e insuficiente paso para revertir las estadísticas de la vergüenza.

Dejemos de sexualizar a las personas, de imponer roles según nuestros genitales, de estigmatizar a unos y a otros por absurdos prejuicios que desvalorizan a los humanos como especie racional. Largo es todavía el camino legislativo hacia garantizar una plenitud de derechos y garantías, pero de nada sirven las leyes si no van de la mano de un cambio de mentalidad. En todos, en hombres y mujeres. En los unos en aprender y comprender que una mujer no es un cuerpo, que una mujer no es un objetivo, ni tampoco un premio. En las otras a no estigmatizarse entre ellas mismas, a no pasar el miedo de generación en generación, a no creerse inferiores a nada ni a nadie. Pero todo ello se derrumba, y continuará haciéndolo, si ante cada noticia sólo nos quedamos con la desgracia y la tragedia, con los llantos y las lágrimas, mientras esa furia y rabia sigue sin ser motor del cambio social que tanto demanda la realidad.

El feminismo no es una opción, es la opción. Mientras muchos restan importancia a un asunto que creen que no les concierne, el drama continuará como género hegemónico en muchos hogares españoles. Sabemos los casos más turbios y desconocemos los más cotidianos, los que no salen en las noticias y que pasamos por alto en un simple vistazo de esperpéntica normalidad. Hacia una normalidad en la que ojos que no ven, corazón que no siente. Aunque habría que matizar que, en muchos casos, el corazón que no siente deja de latir. 

2 comentarios :

  1. To add on my opinion, is not like i'm against what women go through. It's just that i know what i believe about women. I don't feel at all like i'm guilty of any form of "machismo", and i fight for the women in my life. Actually i try to fight for whoever i see needs my support. Always the strong took advantage of the week. No matter of sex, color, creed or any affiliation that wasn't their choosing. We need to stand up for that. I'm not calling myself anything. I'm not calling myself feminist cause i saw too much biased and self victimization in that group, and i don't condone that. I'm against the men or women who want to power and rule over others. So no, i'm not a feminist. I'm a human being, trying to be the best human being towards others. If someone feels that knows better what i should do with my life....i really don't understand why.

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