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Crítica El Secreto de Adaline

Orquestar el romanticismo cinematográfico, lejos de lo sencillo que pueda parecer siendo como es uno de los géneros más recurrentes, requiere de una serie de elementos que han de convivir en su justa medida. La línea que separa la fría sutileza inverosímil del empalagoso cuento de hadas es francamente tenue, y es en esa frontera entre ambos extremos donde las mejores obras consiguen su lugar para el recuerdo. "Age of Adaline", más que lograr el susodicho asiento en la perfección, revolotea entre ambas realidades, pero con un trasfondo fantástico que maquilla sus errores de manera correcta.

Adaline Bowman es una mujer perdida en su propia soledad. Tras haber sufrido un aparatoso accidente en los años 30, Adaline recibe la divina desgracia de la eterna juventud: inexplicablemente, a partir de ese día no será nunca capaz de envejecer. Esta premisa, lejos de resultar corrosiva para el desarrollo de la trama, envuelve todo en un halo de gentil melancolía que perseguirá a la protagonista a lo largo de toda su vida, alejándola de los quehaceres más simples y cotidianos. Nadie podía conocer su "secreto", por lo que se ve obligada a cambiar de nombre y de domicilio cada diez años. Así pasan las décadas, los amores y los disgustos por Adaline, cuya felicidad se ve regalada a la resignación.

"El Secreto de Adaline", lleno de simbolismo nostálgico (los gatos, las fotografías, los vestidos...), es un correcto drama acerca de la soledad y angustia del inútil paso del tiempo, pero fracasa a la hora de trasladar ese sentimiento a una parcela bastante más transitada: la del drama romántico. La trama avanza como si llevase varios lastres colgados, de manera muy lenta y hasta cierto punto previsible, con buenas interpretaciones que maquillan las carencias de un guión más concebido para el gusto literario. Llegado cierto punto, sólo un actor tan curtido en años como en disgustos como es Harrison Ford puede rescatar una película que, por momentos, se pierde entre su propia fantasía, perdiendo el pulso y el ritmo dramático de un modo sorprendente.

En cualquier caso, "Age of Adaline" cuenta con momentos de auténtica belleza escénica, fruto de una más que correcta fotografía y de un elenco protagonista con fuerza interpretativa. Aunque su nudo y desarrollo sean algo tortuosos, el desenlace (aunque, de nuevo, previsible) consigue conectar con la audiencia en una moraleja simple pero acertada sobre el paso del tiempo. La desazón de Adaline, por mucho que en esencia pueda resultar por momentos confusa, es fielmente canalizada por una Blake Lively que entra de lleno en la madurez como actriz. Sin embargo, entristece ver cómo una original propuesta como esta es desaprovechada por una ambición excesivamente limitada. 

Valoración final: 2,5/5 

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