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Crítica Ant-Man


Desde el momento en que Disney adquirió Marvel hace un par de años, el aluvión de blockbusters que cada verano llenan las salas de todo el mundo ha devuelto a sus superhéroes el protagonismo y la popularidad que habían perdido. De hecho, Marvel ha conseguido meter a tres de sus últimas películas (las dos de Los Vengadores e Iron Man 3) entre las diez más taquilleras de toda la historia del cine. La fórmula es simple: coger lo que ya existía, y mejorarlo. Sin embargo, lo que sí es sorprendente es que, teniendo a su disposición un abanico tan amplio de licencias que poder explotar, se hayan decantado por una tan desconocida como secundaria como es Ant-Man, "el hombre hormiga". Pero lo que todavía sorprende más es cómo una película que parecía condenada a la irrelevancia y al olvido se ha podido convertir en una de las producciones más simpáticas y carismáticas de Marvel Studios.

El arranque y el desarrollo de la trama no difieren en exceso de cualquier otra película de superhéroes, y aquí encontramos la primera gran sorpresa: Ant-Man se siente con la fuerza y frescura de otros grandes personajes de Stan Lee. De hecho, aunque lo que está en juego es la seguridad mundial (como en cualquier otra película del género), la aventura se compacta con gran acierto en sí misma para adecuarse a las dimensiones del pequeño protagonista, por lo que el conflicto nunca llega a desbordar sus propias virtudes y facultades. Todo ello envuelto en una atmósfera festiva, cómica e hilarante, conducida por un elenco principal sumamente carismático en el que un actor, Michael Peña, es el máximo exponente del tipo de humor que deberían tener estas producciones. 

Con todo, Ant-Man presenta ciertos fallos que, si bien tampoco empañan en exceso el resultado final, sí que privan a la película de haber llegado un poco más alto de lo que lo ha hecho. Su tortuosa producción y su cambio de director tras ocho años de proyecto han tenido un plausible impacto sobre la cinta, evidenciado con algunos cambios excesivamente abruptos en el ritmo dramático. En muchos momentos, Ant-Man pasa sin justificación del blanco al negro, del dramatismo incontrolado a la despreocupación, y sólo al final logra equilibrar el ritmo de la acción con el tono y la forma adecuados. Además, el antagonista a quien Corey Stoll da forma se encuentra en un peldaño notablemente inferior al resto de personajes, adoleciendo de una considerable falta de profundidad y cuya transformación en Yellowjacket resulta demasiado precipitada e inverosímil. 

Lejos de caer en la redundancia, Marvel Studios sigue año tras año cumpliendo con nota aquello que demanda sus audiencia. Ant-Man no sólo es una más que correcta película de acción, sino que consigue elevar a una producción en principio secundaria a casi la misma altura que el resto de Los Vengadores. Llena de gangs, sentido del humor y con unos efectos visuales más que satisfactorios, sólo queda lastrada por un guión que en algunos tramos pierde su propio ritmo y por un villano que no hace justicia al carismático reparto del resto de protagonistas. En definitiva, un cierre realmente digno a la segunda fase del Universo Cinematográfico de Marvel.

Valoración: 3/5

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