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El profundo letargo de RTVE

José Antonio Sánchez, presidente de RTVE / Fuente: rtve.es

Ciertamente y desde mi humilde perspectiva, es posible que carezca de esa retina histórica capaz de evidenciar la caída de nuestros medios de comunicación públicos a lo largo de los últimos años. No tanto en términos de calidad, debate menos concurrido y quizá estéril en su fondo y forma, sino en cuanto a la credibilidad que puedan tener de cara a los ciudadanos a quienes hipotéticamente están sirviendo. Porque, hoy por hoy, Radio Televisión Española se ha convertido en una caricatura esperpéntica de lo que deberían ser los medios de comunicación públicos en una sociedad que aspira a ser democrática. 

No hablamos sólo del locutor de los partidos de Champions de La 1, cuya clamorosa imparcialidad al gritar el gol de Godín y posteriormente el de Ramos en Lisboa seguramente haya podido escocer a varios centenares de colchoneros. Lo cierto es que, desde que comenzó la tortuosa legislatura de Rajoy allá por el año 2011, RTVE ha sufrido una serie de cambios bastante enfocados a la servidumbre de ese nuevo gobierno. El Real Decreto Ley 15/2012 quizá sea uno de los múltiples precedentes acerca de por qué el contribuyente de a pie ya no confía en lo que le dicen sus servicios públicos, evidencias que se hacen patentes sólo con ver sus telediarios. Unos telediarios orquestados por unos directivos cuyos generosos salarios están siendo pagados del bolsillo de todos los españoles, por lo que su responsabilidad no debería ser precisamente menor.

José Antonio Sánchez es un tipo sincero. No tiene pelos en la lengua, al igual que ese dócil y endeble personaje disfrazado de presentador llamado Buruaga, aunque a éste último ya lo hayan retirado de primera línea con sorprendente celeridad. Al presidente de RTVE todavía le extrañan las quejas de sus trabajadores, profesionales del periodismo que viven cohibidos bajo un yugo desinformativo, casi dictatorial, y que no acaban de aceptar del todo la filosofía de la cúpula directiva. Una filosofía de "yo voto al PP y seguiré votando al PP" que no se esfuerza por ocultar en el Congreso de los Diputados, atentando contra los principios de objetividad y pluralidad que deberían imperar en cualquier medio de comunicación, sea cual sea la ideología e intereses de sus mandatarios, y que adquiere una dimensión todavía mayor en el caso de unos servicios públicos y comunes a toda la ciudadanía. 

La remodelación estructural de RTVE urge casi tanto como la del Partido Popular, si bien es cierto que en este segundo ejemplo la importancia es algo más relativa. Seguir haciendo la vista gorda ante una televisión y radio públicas que se han puesto a sí mismas la soga en el cuello no debe ser una opción siquiera estimable. Y lo primero que hay que hacer es fumigar del Consejo de Administración de RTVE a ciertos personajes, empezando por su presidente, que prefieren vivir entre algodones de totalitarismo franquista antes que aceptar esa complicada realidad llamada democracia. Mientras tanto, las manipulaciones, el descontento entre los trabajadores y la mala imagen de cara a la población que deberían defender seguirán creciendo de manera imparable, lapidando un pilar democrático que siempre debió ser intocable. 

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