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Cara al sol... y a la vergüenza

Fuente: Voz Pópuli
Cuando surgen preguntas en torno a qué será aquello que tendrá España para que tantos renieguen de ella, puede que una de las posibles respuestas se encuentre ilustrada en esta misma fotografía. Sin poder ser considerados manifestantes, ya que rondaban escasamente las 40 personas, ni tampoco representantes del voto ciudadano del Partido Socialista, un grupo de orgullosos patriotas disfrazados de franquistas reprimidos se concentró frente a la sede del PSOE en Ferraz, el pasado lunes por la tarde. Cantando alegremente el himno español de la dictadura, al tiempo que argumentaban el buen vivir del ciudadano de a pie durante esos cuarenta años, estos sujetos evidenciaron por sí mismos la realidad: España no ha superado el franquismo.

Cierto es, tal y como comentamos en nuestra entrada acerca de la pitada al himno, que en muy pocos países occidentales se concebía semejante "falta de respeto". Y cuando el patriota, o el más a favor de la normalización de nuestro sentimiento nacional, se pregunta qué es aquello que nos diferencia del resto de democracias, sería de buen conciudadano remitirle de nuevo a esta fotografía, al tiempo que le preguntamos: ¿Esto ocurre en la Alemania post-Hitler o en la Italia post-Mussolini?

España siempre se ha enfrentado ante una dura y profunda hipocresía a la hora de analizar su pasado. Se resiste a hojear esos cuarenta años de nuestra historia que tantas y tantas gentes prefieren resumir en el "milagro español" de los sesenta, coincidente con un éxodo migratorio imparable, entre otras cosas. Nos encanta pensar en el entrañable, bigotudo y endeble caudillo como un personaje que nos salvó a todos de la quema de conventos y de la indecencia bizarra de la II República. Lejos quedan ya las matanzas, la persecución de "rojos", el en parte frustrado culto a su personalidad, la pérdida de libertades y derechos... Inmerso dentro de ese sistema nacionalcatólico, con ligeros tintes del fascismo de Falange, primero, y del liberalismo que provocó el aperturismo, después, y aceptando ser un peón más dentro de ese opresivo sistema, uno vivía bien. O eso insisten en hacernos creer.

Antes de esta manifestación en Ferraz, hubo otra el pasado sábado en Colón, que sí contaba con un volumen algo más considerable de fascistas manifestantes (unos 200). En dicha manifestación se golpeó, se reprimió y se cargó contra los periodistas que cubrían el acontecimiento, señalándoles como cómplices de ese sistema de derechos y libertades que tan lejos prefieren tener. Es preferible tomárselo con ironía, porque analizar profundamente la razón de que haya periodistas siendo agredidos por hacer su trabajo, tras casi 40 años de "democracia", es muy preocupante. Que no se preocupen los nostálgicos, que aunque los grises y la Secreta ya no existan hay otros compatriotas que hacen el trabajo por ellos.

Se nos llena la boca de improperios cuando hablamos de sancionar un gesto democrático como es la pitada a un himno (así lo constató la Audiencia Nacional en 2009, por cierto), pero cuando los rebrotes de franquismo acechan por entre las esquinas, no hay una sola voz censora. Nos da miedo enfrentarnos a esa oscura parte de nuestra historia que, queramos o no, está ahí. El no haber avanzado de la mano de las democracias occidentales, abogando por la eterna glorificación de un hombre sin carisma, sin talento y sin un sólo ápice de inteligencia como era Francisco Franco, ha calado más de lo deseable y hoy en día seguimos estando mojados de dictadura. Quienes tratan de lapidar nuestra democracia no es Ahora Madrid, ni Manuela Carmena, ni Ada Colau ni Pablo Iglesias, sino todos esos nostálgicos de pasadas cruzadas que convirtieron a España en el país de la vergüenza. Son pocos, muy pocos, pero seguir haciendo la vista gorda frente a semejantes individuos nos convierte en cómplices de su impertinencia y ostracismo.

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