Quizá te interese:

Crítica Star Wars: El despertar de la Fuerza

Hay una célebre premisa cinematográfica perpetuada con el paso de los años: " Si algo funciona, no lo toques ". Yo eso lo comple...

Austeridad frente a realismo

Tsipras en una reunión del Eurogrupo / Fuente: ekathimerini.com 
Estos días estamos viviendo un auténtico terremoto informativo, con Bruselas como principal foco de la acción política internacional. La ampliación del rescate económico griego, ampliado por 4 meses con la llegada de Syriza al poder, expira este mismo mes de junio. Y las tensiones entre las viejas instituciones de la Troika y el presidente Tsipras llegan a su punto álgido a la hora de llegar a un posible acuerdo, el cual, pase lo que pase, volverá a convertir a los ciudadanos griegos en el mayor damnificado por el castigo político (que no económico) impuesto por sus vecinos europeos.

Hace un par de meses, la noticia de la victoria electoral de la izquierda en Grecia, apoyada en menor medida por un partido nacionalista de derechas, removió el estómago de todos sus vecinos de la Eurozona. Un gobierno que, lejos de aceptar sin oposición las reformas impuestas hasta ese momento, prometía poner fin a la austeridad y negociar la reestructuración de una deuda simplemente impagable. Los economistas coinciden en que una deuda superior al 120% del PIB no se puede pagar, y la de Grecia hace tiempo que ha rebasado el 170%.

Pero desde Europa parecen obviar la realidad social del país heleno, dinamitando todas y cada una de las propuestas con las que Varoufakis y compañía habían conseguido un gran apoyo popular en los primeros días de su gobierno, tras acordar precisamente una ampliación de ese segundo rescate. Sin embargo, ahora se encuentran ante una realidad llamada inmovilismo, y es que ni Berlín, ni Madrid ni otros órganos de la Troika parecen dispuestos a ceder a las demandas de socorro del pueblo griego. Pedir a un país en plena recesión un superávit presupuestario del 1% supone hasta cierto punto una humillación para los griegos y para el gobierno de Tsipras, que se encuentra ante una de las papeletas más complicadas de la historia reciente de su país. Y de la reestructuración de sus 340.000 millones de euros de deuda, por cierto, ya ha dejado de hablarse.

Si finalmente se produce un acuerdo, Tsipras habrá perdido gran parte de su credibilidad y su popularidad se verá desplomada. Seguirá inyectándose dinero en los bancos griegos a la vez que la población sufrirá las consecuencias de una nueva reforma fiscal, aunque para ello Tsipras deberá desembolsar primero 1.600 millones de euros al FMI y otros 3.500 al BCE (casi nada, vaya). Si, por el contrario, ninguna de las dos partes consigue entenderse, eso produciría la irremediable condena de Grecia: salida del euro, quiebra de los bancos, una nueva revolución social y una bancarrota insalvable. Lo que es seguro es que, llegado o no a un acuerdo, quien seguirá sufriendo las consecuencias más extremas de la crisis seguirán siendo los ciudadanos griegos, a los que hace tiempo que, por simple humanidad, debería de habérseles dejado de exigir sacrificios inabarcables.

0 comentarios :

Publicar un comentario