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Atenas y la pregunta del millón

Las banderas de Europa y Grecia hondean frente al Parlamento heleno, en la Plaza Síntagma.
Fuente: mundoejecutivoexpress
Con toda la información que circula en periódicos, telediarios, radio y en las redes sociales, resulta complicado imaginar que haya ciudadanos ajenos a lo que está pasando en Grecia. El país heleno, protagonista de la mayor de las crisis que ha atravesado la UE desde su creación, lleva desde la pasada semana acaparando todos los focos mediáticos, aunque no para bien precisamente. Del resultado del referéndum del próximo domingo dependerá en buena parte el futuro de la Eurozona, del proyecto de unión monetaria y, como no, también el devenir de un pueblo griego que ha sufrido media década de bestiales recortes y reformas. Este artículo no va a hacer campaña acerca del 'sí' ni del 'no', sino simplemente apuntar aquellas consecuencias que puedan conllevar uno u otro resultado, no solo para el país gobernado por Tsipras, sino también para toda la Unión Europea. 

¿Qué pasaría si los griegos votan 'sí'?

Los principales partidarios de esta decisión son los partidos Nueva Democracia (el homólogo griego del Partido Popular), el PASOK, el partido centrista To Potámi y, naturalmente, las instituciones anteriormente conocidas como la Troika (FMI, BCE y todos los miembros del Eurogrupo). La primera y más inmediata de las consecuencias de este 'sí' sería la automática dimisión de Alexis Tsipras al frente del ejecutivo, tal y como ha afirmado en la televisión pública griega. En este punto, podrían convocarse elecciones anticipadas o proceder a la formación de un nuevo gobierno de Unidad Popular, en el que presumiblemente también tendría cabida la rama más moderada de Syriza.

Sin embargo, puede que esta sea la menos importante de las consecuencias para el país griego. A pesar de que se reactivaría el sector bancario, poniendo así fin al corralito, y que los mercados volverían a funcionar con normalidad, aceptar de nuevo un nuevo paquete de reformas hundiría en la mayor de las miserias a la población griega. La historia reciente ha demostrado que la austeridad no se combate con más austeridad, y eso es justo lo que ha puesto la Troika sobre la mesa, medidas calificadas por la propia Ángela Merkel como "muy generosas". Entre tales propuestas estaba el alcanzar un superávit presupuestario del 1% del PIB, en un país que no olvidemos se encuentra en una profunda recesión, o también una reforma de las pensiones y del sector turístico. Tsipras lo consideró como un ultimátum "humillante" y dio por rotas las negociaciones con el resto de sus socios del Eurogrupo el pasado viernes.

Aunque el 'sí' supone una mayor estabilidad europea a corto plazo, no haría sino reconducir a Grecia al mismo sendero hacia el abismo en el que se encontraba. Como hizo el gobierno de Nueva Democracia, todo el dinero recibido por sus acreedores se destinaría de nuevo a los bancos y a pagar los altos tipos de interés, viendo el pueblo heleno apenas un insignificante porcentaje de ese dinero y encaminando a Grecia a un drama social del que no se conocen precedentes entre los países desarrollados. 

¿Y si... saliese el 'no'?

Un 'no' reafirmaría la legitimidad del ejecutivo de Tsipras y fortalecería bastante la posición griega en las negociaciones con la Troika. Esta opción es avalada por Syriza, Anel y Amanecer Dorado, además de por los ganadores del Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz y Paul Krugman. Grecia volvería a la carga en las negociaciones con la misma propuesta que hoy mismo fue rechazada por el Eurogrupo: un tercer rescate de dos años al MEDE, sin contar con el FMI, y negociar una reestructuración de su deuda. 

De no producirse un acuerdo bajo estas condiciones, lo cual depende bastante del tipo de reestructuración que se lleve a cabo y, sobre todo, de la posición alemana; seguramente Grecia no tendría más remedio que salir del euro. Esto fue calificado por el propio Tsipras como algo inviable, no sólo para Grecia, sino por el terrible efecto que podría tener en la UE a todos los niveles. A pesar de que el país heleno solo aporta un 2% del PIB de la Eurozona, el hipotético 'Grexit' podría empujar a otros países endeudados por el mismo camino, en un imparable efecto dominó que afectaría a Irlanda, Portugal, Italia... y a España. Además, en caso de acordarse unos nuevos plazos de la deuda y de establecer quitas de la misma, otros países podrían exigir lo mismo, y seguramente España perdería los 26.000 millones de euros que prestó a Grecia en su día. Dinero que, en boca del propio Varoufakis, no han olido los ciudadanos griegos en absoluto. 

Este panorama parece todavía más negro, pero Grecia lleva años enfrentándose a una deuda que es simplemente impagable y que ya supera el 180% de su PIB (aproximadamente 340.000 millones de euros). Existen precedentes como Argentina, que tras sufrir un corralito fue capaz posteriormente de crecer económicamente a un 8% anual, pero el escenario europeo es diferente. La salida de Grecia de la moneda lapidaría todas las pretensiones con las que había nacido el proyecto, poniendo además bastante en duda la vieja solidaridad europea y llevando a la Unión Europea a un futuro muy incierto.

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