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Y ahora, ¿a quién voto?


Todavía queda medio año para las elecciones a la presidencia, pero no sois pocos los que todavía no sabéis ni tenéis muy claro a quién dar vuestro voto en las urnas. En seis meses la situación podría cambiar muchísimo, tal y como demuestran las últimas encuestas, pero sin duda serán una de las elecciones más reñidas de todo lo que llevamos de democracia (si no lo es ya). La irrupción de nuevas formaciones a la vez que el resquebrajamiento de las antiguas instituciones del Estado ha sembrado muchas dudas entre la población, quien no sabe si apostar "por el cambio" o si renovar su confianza en el bipartidismo tradicional. Además, las elecciones municipales y autonómicas de este mismo mes pueden ir abriendo el camino hacia un nuevo panorama político en España. Pues bien, con esta entrada esperamos disipar todas vuestras dudas al respecto de a quién votar el próximo mes de noviembre.

 PARTIDO POPULAR 

A pesar de una gestión con más sombras que luces, y la aparición de nuevos casos de corrupción semana tras semana, el Partido Popular sigue siendo, a día de hoy, la elección preferente por un mayor número de españoles. Su principal baluarte defensivo es la mejora latente en términos macroeconómicos de España, uno de los países que más espera crecer en este sentido en los próximos años en la zona euro. Su gestión económica de la crisis ha sacado al país de la recesión, eso es verdad, pero lejos estamos todavía de reducir el paro a los números previstos hace 4 años o de volver al nivel de vida anterior a la crisis económica. Además, no hay que olvidar la puesta en escena del que pasará a ser el peor Ministro de Educación en democracia, José Ignacio Wert (ley LOMCE), la dimisión de Ana Mato por su imputación en la trama Gürtel tras la crisis del ébola, o la otra dimisión del Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, tras recibir un espaldarazo por parte de su propio partido a la hora de llevar a cabo la reforma de la ley del aborto. Veremos cuál es el rumbo que se emprende en un partido que parece estar más en manos de Esperanza Aguirre que de Mariano Rajoy, y que, en cualquier caso, necesitaría un lavado de imagen y de nombres cuantioso de cara a noviembre, algo que parece difícil que suceda.

  • Lo mejor: Mejores previsiones de lo esperado en términos macroeconómicos. Evitar el rescate financiero al sector público. Salida de la recesión. Buena gestión en la política exterior del ministro Margallo. Trazado de una línea económica ascendente. Paulatina puesta en práctica de medidas sociales (coincidiendo con elecciones autonómicas, todo hay que decirlo).
  • Lo peor: Deficiente gestión social de la crisis económica. Rescate financiero a la banca, pagado por los ciudadanos. Crecimiento de la deuda, que sobrepasa el 100% del PIB. Preferencia por lo privado antes que por lo público. Privatizaciones en sectores claves como sanidad y educación. Falta de ayudas al I+D. Más de 170 imputados por corrupción y presencia en más de 50 casos diferentes. Incomprensible tratamiento de la posible secesión catalana. Incumplimiento de buena parte de su anterior programa electoral.
PARTIDO SOCIALISTA 

Hace tan sólo medio año, el Partido Socialista parecía avocado al fracaso absoluto. El exilio de buena parte de sus votantes hacia Podemos, junto con la incapacidad de elevarse como una alternativa eficaz de la izquierda moderada, auguraba un descalabro total. Sin embargo, al contrario que ha sucedido en el PP, el PSOE sí ha sido capaz de refrescar su imagen de cara a las próximas generales. Apostando por un líder más joven y con más energías como es Pedro Sánchez, conforme ha ido transcurriendo el año 2015 han ido elevándose, sin un discurso muy marcado ni trabajado, como una alternativa veraz a la presidencia, hasta recuperar el calificativo de segunda fuerza que les había robado Podemos en enero. No obstante, la labor en la oposición a lo largo de estos años de crisis del Partido Socialista ha seguido una retórica muy simplista. En parte por su culpabilidad, atribuida por el gobierno, acerca de la situación que atravesaba España, los debates entre uno y otro no salían de los ataques directos y de los "y tú más", olvidándose de que a quienes estaban representando era a un gran número de españoles que en esos momentos lo estaba pasando muy mal. Tras años y años sin una hoja de ruta concreta, y en este momento más cercanos a posiciones moderadas del socioliberalismo, poco a poco han ido planteando medidas que dentro del conservadurismo se desmarcan más del Partido Popular. De todas formas, huelga decir que actualmente el PSOE tiene poco en sus propuestas de socialista.

  • Lo mejor: Imagen renovada. Asegurar medidas de transparencia, aprovechando la opacidad del gobierno en torno a la corrupción. Alternativa que apuesta más por lo social y lo público dentro del conservadurismo, renovando las funciones de los municipios. Los "acusados y procesados" no estarán en las listas municipales. Determinación de cara a que los cargos públicos no saquen beneficio privado. Hipotético compromiso con la renovación de la democracia.
  • Lo peor: Paupérrima gestión en la oposición. Copiar y adaptar varias medidas ajenas, sin una personalidad o seña de identidad diferenciada. El caso de los ERE de Andalucía habla por sí solo en torno a la credibilidad que puedan tener sobre la corrupción en términos absolutos. Cuentan con aproximadamente unos 100 imputados por corrupción y están envueltos en una veintena de casos. Falta de concreción a la hora de explicar con quién podrían aliarse.
PODEMOS

Sería un tremendo error de análisis político dar por vencidos a los de Pablo Iglesias a estas alturas. Surgidos en el seno de la Universidad Complutense y del espíritu del 15-M, Podemos encabezó hace justo un año una ola de indignación social que ellos trataron de canalizar en indignación política. Su discurso incendiario, de medidas próximas a la izquierda más radical, estaba plagado de palabras como "renta básica universal", "nacionalización de sectores clave" o de la "reestructuración de la deuda", aspectos que en seguida hicieron saltar las alarmas del resto de partidos tradicionales, del IBEX-35 y de Europa. Conforme pasaron los meses y la población fue depositando más y más confianza sobre ellos, Podemos dio un paso fundamental, que quien sabe si les servirá o no para llegar a la Moncloa: Abrirse a todos. Con este rechazo del duopolio entre derecha e izquierda, Podemos ha optado por abrirse a ese grupo de indecisos o renegados de su pasado político, aceptando entre sus filas a todo el mundo sea cual sea su procedencia. Han abandonado toda esa dialéctica filocomunista y filochavista, desmarcándose hacia posiciones más centristas de la socialdemocracia clásica. Este movimiento, que puede satisfacer a algunos, a muchos otros les hace pensar que Podemos se ha alejado de aquellas bases y círculos que lo desmarcaban del resto, para acercarse a una estructura jerárquica y un discurso más propios de los partidos tradicionales. 
  • Lo mejor: Representar el espíritu del 15-M es su principal baza como precursores del "cambio". Sus medidas más moderadas pueden mejorar la condición de España a nivel internacional en la UE. Unas raíces universitarias les hace tener el apoyo de los más jóvenes. Cuenta con líderes carismáticos, jóvenes y con mucho trasfondo académico y profesional. Siguen siendo el partido referencia del centro izquierda.
  • Lo peor: Estructura jerarquizada, más propia de los partidos tradicionales a los que atacaban. Poco a poco se han ido deshaciendo de sus propias ideas, adoptando aquellas que menos "miedo" causasen. Todo el poder gira en torno a un secretario general cuyo liderazgo es incuestionable. Sus medidas socialdemócratas se alejan mucho de las bases radicales de las que partieron. Han abandonado todos los debates planteados en un principio (como el modelo de estado, por ejemplo) y se limitan a su labor de principal fuerza de oposición eventual. No han encontrado, dentro del marco de la centroizquierda, una base sólida de votantes sobre la que asentarse del todo.
CIUDADANOS 

Mucha gente se equivoca a la hora de calificar a Ciudadanos como un "partido nuevo", y es que la formación que preside el joven abogado Albert Rivera lleva existiendo desde hace casi una década, por lo que es incluso anterior al nacimiento de partidos como UPyD, Equo o Vox, por citar algunos. Sin embargo, sí que es cierto que, coincidiendo con la efervescencia de Podemos, Ciudadanos ha dado el salto de su área geográfica original, Cataluña, a todo el ámbito estatal. Durante estos años de presencia autonómica y municipal, Ciudadanos basaba su discurso en una Cataluña unida dentro de España, y en la idea de que el Estado de las Autonomías, a pesar de haber sido necesario para el buen transcurrir de la transición, ya estaba obsoleto y que habría que reformarlo por completo. Al igual que le sucedió a la formación de Pablo Iglesias, Ciudadanos fue variando su posición dentro del espectro político, hasta llegar un punto en que nadie sabía si estaba votando a un partido de izquierdas, de centro o de derechas. Toda esta confusión parece haberse disipado del todo a lo largo de los últimos meses, en los que el partido ha recogido muchísimos votos naufragados del PP al erguirse como la nueva alternativa del centroderecha nacional. Un discurso de marcado acento socioliberal, junto con medidas económicas muy contundentes, son sus principales avales como alternativa de regeneración democrática, tal y como se autodefinen ellos mismos. No obstante, su polémica posición respecto a la inmigración y la presencia en el partido de personas pertenecientes a formaciones xenófobas en el pasado, hace que Ciudadanos tenga todavía muchas sombras por disipar antes de lanzarse a por la Moncloa.

  • Lo mejor: Nueva imagen del centroderecha más rejuvenecido. Medidas económicas más inspiradas que las del resto de formaciones políticas. Propuestas para mejorar el empleo, como un seguro en caso de despido, y mayor compromiso con las estancias públicas que el resto de formaciones de su mismo espectro. Postura más firme respecto a la problemática catalana que la del actual ejecutivo. Fidelidad a sus principios.
  • Lo peor: Posición radical y polémica respecto a la inmigración ilegal, a la que pretende apartar de la sanidad pública. No se termina de desmarcar del todo del PP, de quien parece un simple sucesor. La dación en pago que plantean no convence a casi nadie. Pretende limitar el porcentaje de asignaturas impartidas en la lengua materna de las comunidades bilingües al 33%, lo que refleja un importante carácter nacionalista. Su contrato único no parece solventar el problema de la precariedad laboral. 

Cierto es que la oferta de partidos políticos es muchísimo mayor, pero, en definitiva, ha quedado claro que la Moncloa se disputará el próximo mes de noviembre entre estos cuatro partidos políticos: uno de la centroizquierda socialdemócrata (Podemos), otro representante del centroizquierda moderado (PSOE), uno portavoz del socioliberalismo de centroderecha (Ciudadanos) y el otro como el principal promotor del conservadurismo nacionalista de derecha (PP). El tiempo dirá quien juega mejor sus cartas a lo largo de estos meses, pero de lo que no cabe duda es que ninguno podrá gobernar en solitario. 

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