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Esperanza Aguirre y el discurso del miedo

Fuente: elconfidencial.com

Escribir unas cuantas líneas acerca de la gestión, pensamiento y actuación reciente de Esperanza Aguirre no es excesivamente complicado. Tan variada es la hemeroteca de la presidenta del PP madrileño que los calificativos salen por sí solos. Representante de la indecencia y la vieja política, la candidata a la alcaldía de Madrid ha conseguido que, en apenas un par de meses, Ana Botella pueda ser considerada como una alcaldesa maravillosa. Y eso que el "relaxing cup" consiguió elevar la vergüenza ajena hasta cotas insólitas. 

No estamos hablando sólo de una figura turbia, sinónimo de unos valores más franquistas que demócratas ni de una ex-presidenta autonómica olvidable, sino de una de los pocos líderes políticos capaz de tener a Margaret Thatcher como principal referencia en pleno siglo XXI. Este dato, que por sí solo podría no significar demasiado, adquiere un protagonismo y preocupación mayor cuando pretende llevar ese thatcherismo a la práctica. Y esto, en un país como España y para una ciudad con los problemas que tiene Madrid, es un dato peligroso.

Su talante innato para hablar sin pelos en la lengua, unido a su envidiable habilidad para dejarse la vergüenza en casa, hace que cada debate político, cada mitin electoral, adquiera siempre un tono esperpéntico. Es sorprendente cómo alguien rodeado de corrupción, tanto en su ámbito personal como en su propio partido, es capaz de hablarle a una persona como Manuela Carmena de moralidad. Una Carmena que, si bien uno puede compartir o no sus ideales políticos, cuenta con una intachable trayectoria profesional a sus espaldas, y en lo personal es capaz de transmitir ese mínimo de educación y respeto que Aguirre prefiere emplear a la hora de hablar con personajes como Granados, de cuyo nombre no quiere acordarse.

No podía esperarse menos de una persona que volvió a la política dos años después de haber dimitido, más preocupada por frenar a Podemos que por ayudar a los que más lo puedan estar necesitando. Más atenta a lo que diarios tan neutrales como ABC puedan filtrar de otros candidatos que de elaborar un programa electoral para Madrid. Un periódico del que, por cierto, cobraba entre 2000 y 3000 euros por cada artículo de folio y medio que escribiese. Y todavía hay quien creerá que la humilde de Esperanza tiene problemas para llegar a fin de mes, tal y como ella misma llegó a confesar en una biografía. Un dato que, con un patrimonio en 2013 de más de 380.000 euros, es bastante cuestionable.

Desde su vuelta a las andadas por todo lo alto, Aguirre ha limitado su mensaje a terrenos que poco o nada tienen que ver con España y sus ciudades, enfocando su dialéctica en el chavismo, en el castrismo o hasta en Corea del Norte. Unos argumentos que en una tertulia de Intereconomía podrían tener cabida e incluso aceptación, pero que de cara a una candidatura municipal carecen de seriedad y no suponen más que una falta de respeto a los ciudadanos que aspira a gobernar. Un gobierno local concebido más como una victoria del conservadurismo sobre la izquierda que como una oportunidad de mejorar Madrid. Cada uno es libre de votar a quien crea conveniente, pero, por una vez, preguntémonos si queremos o no de verdad poner fin a todos los problemas que España lleva arrastrando durante años y si personas como Esperanza Aguirre pueden ser la solución.

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