Quizá te interese:

Crítica Star Wars: El despertar de la Fuerza

Hay una célebre premisa cinematográfica perpetuada con el paso de los años: " Si algo funciona, no lo toques ". Yo eso lo comple...

El terreno perdido de Pablo Iglesias


Los datos están para contrastarlos y para interpretarlos, y las encuestas en particular son esclarecedoras: Podemos ha pegado un bajón considerable estos dos últimos meses. Desde su momento de mayor ebullición, que fue diciembre y enero, con un exponente determinante como es la Marcha por el Cambio, la cantidad de tiempo que dedican las noticias y los ciudadanos en general a hablar de Podemos se ha reducido notablemente. ¿A qué se debe este retroceso? 

Lo que el partido y en particular el señor Pablo Iglesias transmiten es una sensación terrible de ser infieles a sí mismos. Me explico. En medio de un clima de ajetreo y pérdida de la confianza en la clase política, Podemos supo adaptarse a las necesidades del momento, y con un discurso fácil de comprender por la población dio la fulgurante sorpresa que todos conocemos. Una sorpresa que vino acompañada, como era de esperar, de críticas y afirmaciones de todo tipo y por parte de múltiples sectores: que si etarras, bolivarianos, chavistas, castristas, fascistas, comunistas... Desde Alemania hasta han comparado a Iglesias con Hitler, al mismo tiempo que en los estamentos más conservadores de este país se afirma sin ninguna duda que si Podemos sale elegido serían las últimas elecciones democráticas que se celebrarían en España. 

Sin embargo, Pablo Iglesias y su equipo han adoptado como estrategia electoral el huir de las etiquetas. Y por desgracia, en política las etiquetas no siempre está de más colgárselas. Con cosas como que no son de izquierdas ni de derechas, y esa excelsa retórica de "sentarse a hablar con quien haga falta", Podemos no termina de asentarse dentro de un panorama político en concreto. Tratan de abarcar lo máximo posible de ciudadanía y en este contexto no hacen sino perder votantes del centro-izquierda, que renuevan su confianza por el PSOE de Pedro Sánchez, y por parte de quienes abogan por una reforma desde un rejuvenecido centro-derecha, un panorama en el que Ciudadanos ha sabido moverse muy bien. 

Antes de entrar de lleno en política, Iglesias no tenía miedo a decir lo que pensaba. No le importaba colgarse la etiqueta de comunista ni de echar flores al gobierno de Chávez en Venezuela. No tenía pelos en la lengua a la hora de denunciar la ilegitimidad de la Familia Real española, ni temía autoproclamarse republicano. De su boca ya no salen palabras como "renta básica universal" ni como "auditoría pública de la deuda". Esto ha sido sustituido por elogios a los estamentos judiciales españoles, que permiten que pueda pasarse más tiempo en prisión por manifestarse que por robar de las arcas públicas del estado. También ha elogiado a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, cuando casos como los de Íñigo Cabacas, ese joven al que una pelota de goma arrebató la vida en Bilbao hace ya tres años, siguen sin tener culpables ni condenados. Y veremos cuál es la reacción de Iglesias cuando se encuentre con Felipe VI en Bruselas el miércoles. Es capaz hasta de abrazarle. 

0 comentarios :

Publicar un comentario